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Aportes al FAL: cómo se calculan y qué cambia en la caja

El aporte al Fondo de Asistencia Laboral se calcula sobre la misma base utilizada para las contribuciones patronales al SIPA. Para las empresas, el desafío no pasa sólo por conocer el porcentaje, sino por proyectar correctamente cómo se moverán esos recursos dentro de la caja.

Una empresa con una masa salarial imponible de $100 millones mensuales puede usar una cuenta muy sencilla para empezar a dimensionar el FAL. Si es una gran empresa, el aporte será de $1 millón por mes. Si está encuadrada como MiPyME, ascenderá a $2,5 millones.

La cuenta es simple. La interpretación financiera, no tanto.

La Ley 27.802 establece una contribución mensual obligatoria equivalente al 1% para las grandes empresas y al 2,5% para las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, calculada sobre las remuneraciones que se toman como base para las contribuciones patronales destinadas al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).

Por qué no es simplemente un nuevo costo

Uno de los conceptos que más dudas puede generar es la afirmación de que el FAL no implica un costo adicional para el empleador.

La clave está en la mecánica establecida por la reglamentación. ARCA determina automáticamente el aporte correspondiente al FAL dentro del sistema Declaración en línea y ese importe se detrae de determinadas contribuciones patronales que la empresa ya abona sobre la nómina salarial.

Es decir, no se trata simplemente de agregar un 1% o un 2,5% sobre el costo laboral existente. Parte de los recursos que antes se dirigían a determinados subsistemas de la seguridad social pasan a integrar la cuenta FAL del empleador.

La Resolución General 5907/2026 de ARCA reglamentó esta operatoria.

“Cuando una empresa escucha 1% o 2,5%, la primera reacción lógica es preguntarse cuánto más va a pagar. Pero para analizar correctamente el FAL hay que mirar el circuito completo de las contribuciones y entender qué recursos se reasignan, cómo ingresan al fondo y qué efecto tienen en la planificación financiera”, explica Francisco Pardo, presidente de Mariva Fondos.

Un ejemplo para entender el movimiento

Supongamos una gran empresa con una base salarial SIPA de $500 millones por mes. Aplicando la alícuota del 1%, su contribución mensual al FAL sería de $5 millones.

En doce meses, si la base permaneciera constante sólo a efectos del ejemplo, habría canalizado $60 millones hacia su cuenta FAL, antes de considerar los resultados de las inversiones.

Para una MiPyME con la misma base imponible, la aplicación del 2,5% llevaría ese flujo teórico a $12,5 millones mensuales.

El ejemplo muestra por qué la masa salarial es el primer dato que Finanzas y Recursos Humanos deberían compartir a la hora de hacer proyecciones. La evolución de salarios, altas y bajas de personal y cambios en la nómina modificarán el monto efectivamente destinado al fondo.

“Para proyectar el FAL no alcanza con conocer la alícuota. Hay que trabajar con la base imponible real de la compañía, su evolución esperada, la composición de la nómina y los movimientos laborales. A partir de ahí puede estimarse el flujo de aportes y empezar a relacionarlo con las necesidades futuras del fondo”, señala Nicolás Merea Vega, Portfolio Manager de Mariva Fondos.

Aporte obligatorio y costo de administración: dos conceptos distintos

También es importante separar el aporte obligatorio al FAL del costo de administrar esos recursos.

La contribución del 1% o 2,5% surge de la legislación laboral. Los honorarios, comisiones y gastos ordinarios de administración corresponden al funcionamiento del vehículo financiero y tienen su propia regulación.

La Comisión Nacional de Valores estableció para los productos de inversión colectiva FAL un tope anual global del 1% de los activos administrados, IVA incluido cuando corresponda. Dentro de ese límite deben contemplarse los honorarios, comisiones y gastos ordinarios vinculados con la administración del fondo.

Para un CFO, por lo tanto, el análisis debería separar tres variables: cuánto aporta la empresa, cómo evoluciona ese capital y cuánto cuesta administrarlo.

Es esa combinación —y no solamente la alícuota— la que permitirá incorporar el FAL de manera realista al presupuesto y a la planificación financiera de la compañía.